Papa Francisco agradece ejemplo de heroicidad de quienes cuidan enfermos de coronavirus

El Papa Francisco agradeció el ejemplo de heroicidad de médicos, enfermeros y sacerdotes que cuidan a los enfermos de coronavirus COVID-19.

Así lo indicó el Santo Padre al inicio de la Misa celebrada en la capilla de la Casa Santa Marta en la mañana de este 24 de marzo.

“He recibido la noticia que en estos días han fallecido algunos médicos, sacerdotes, no sé si algún enfermero, pero se han contagiado, han recibido el mal porque estaban al servicio de los enfermos”, dijo el Papa.

En esta línea, el Pontífice pidió “recemos por ellos y por sus familias” y agradeció a Dios “por el ejemplo de heroicidad que nos dan al cuidar a los enfermos”.

Luego en su homilía, el Santo Padre reflexionó en el pasaje del Evangelio de San Juan que describe cuando Jesús curó al paralítico que había esperado ayuda durante 38 años.

En esta línea, el Papa Francisco advirtió sobre el pecado de la pereza que el diablo “puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual” y dijo que “la tristeza es la semilla del diablo” por lo que animó a recordar que el agua del Bautismo “es símbolo de nuestra fuerza”.

“Pensemos en el agua, esa agua que es un símbolo de nuestra fuerza, de nuestra vida, el agua que Jesús usó para regenerarnos, el Bautismo. Y pensemos también en nosotros, si alguno de nosotros tiene el peligro de resbalar en la pereza, en este pecado ‘neutral’: el pecado de lo ‘neutro’. Es esto, ni blanco ni negro, nadie sabe lo que es. Y es un pecado que el diablo puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual y también nuestra vida como personas”, señaló el Papa.

Oración de la comunión espiritual

Antes de finalizar la Misa, el Papa rezó en voz alta la oración de la “comunión espiritual” para que todos los que no pueden recibir sacramentalmente la Eucaristía en este período de confinamento, debido al coronavirus, puedan recitarla también en su corazón: “Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del altar. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como ya has venido, te abrazo y me uno a Ti. No permitas que nunca me separe de Ti”.

Por último, el Santo Padre rezó en silencio ante el Santísimo Sacramento y después impartió la bendición eucarística.

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