Sacerdote quema réplicas de polémica imagen de la “Pachamama” en México [VIDEO]

El P. Hugo Valdemar, canónigo penitenciario de la Arquidiócesis Primada de México, quemó réplicas de la polémica imagen de la “Pachamama”, que acompañó diversas actividades en torno al Sínodo de la Amazonía en octubre de este año.

El sacerdote realizó lo que considera un acto de desagravio este 3 de noviembre junto a un grupo de fieles, en el templo a su cargo en el centro de Ciudad de México.

Diversas estatuas que luego fueron identificadas por el Papa Francisco como de la “Pachamama”, divinidad de la región andina de Sudamérica, fueron el centro de la polémica durante el Sínodo de la Amazonía celebrado en el Vaticano del 6 al 27 de octubre.

Las imágenes, que muestran a una mujer embarazada desnuda, fueron consideradas por algunos como “Nuestra Señora de la Amazonía”, mientras que otros las señalaron como representaciones de la “madre tierra”.

Paolo Ruffini, prefecto del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, dijo en conferencia de prensa que “la imagen representaba la vida, la fragilidad y la madre tierra”.

Las estatuas fueron usadas en diversas actividades realizadas durante el Sínodo, en espacios como los Jardines Vaticanos, la Plaza de San Pedro y la iglesia Santa María en Traspontina, en Roma.

Dos hombres no identificados robaron las estatuas guardadas en la iglesia Santa María en Traspontina y las arrojaron al río Tíber, en Roma. Las imágenes fueron recuperadas por las autoridades locales.

En diálogo con ACI Prensa, el P. Valdemar, que fue director de Comunicación de la Arquidiócesis de México por 15 años, durante el gobierno pastoral del Cardenal Norberto Rivera, señaló que la ceremonia de desagravio la presidió “en la Rectoría de Nuestra Señora de Guadalupe Reina de la Paz, una pequeña iglesia del centro histórico de la Ciudad de México donde, por cierto, vivió el beato y mártir mexicano Miguel Agustín Pro”.

La razón para esta ceremonia, explicó, fue que “durante las semanas anteriores en las que se llevó a cabo el Sínodo del Amazonas, muchas personas estaban escandalizadas, enojadas y heridas por los sacrilegios cometidos en Roma”.

“Me pedían que hiciéramos algo, que no podíamos estar indiferentes, que el agravio a Dios y a su Madre Santísima eran intolerables”, dijo.

“Y leyendo la estupenda carta del gran y valiente obispo (Athanasius) Schneider, decidí tomar la oración de desagravio que propuso y además añadir 10 deprecaciones para pedir perdón a Dios por iguales ofensas hechas a la santidad divina con la adoración blasfema de las Pachamamas”.

El P. Valdemar precisó que si las estatuas de la Pachamama hubieran sido llevadas al Vaticano para “una exposición o un museo, nadie se hubiera quejado. Pero no, lo que hicieron fueron varios actos idolátricos de adoración, profanaron la tumba de San Pedro y la iglesia Santa María en Traspontina, y eso los católicos no lo podemos tolerar”.

Tolerar estos actos, añadió, “sería pecado grave y una cobardía inadmisible”.

“Si los partidarios de la teología india quieren respeto, pues muy bien, que empiecen respetando la fe católica, los templos sagrados, dejen de hacer sincretismos diabólicos y dejaremos en paz sus ídolos”, señaló.

Para el P. Valdemar, “al que pide respeto igual se le exige respeto. Ahora bien, si quieren hacer una iglesia diversa pues entonces que hagan sus templos y entronicen a la Pachamama, pero no en nuestros templos porque eso es abominable”.

“Y para ser más claro aún: al demonio y sus ídolos no se les respeta”.

En la oración que se rezó al quemar las imágenes en Ciudad de México se hizo mención a una oración publicada por la Fondazione Missio, de la Conferencia Episcopal Italiana, dedicada a la Pachamama, pidiéndole que coma y beba “de esta ofrenda” y sea una “buena madre”.

También se hace referencia a un canto realizado en la Catedral de Lima (Perú) dedicado a la “madre tierra, Pachamama”.

El sacerdote mexicano explicó que el acto de desagravio se realizó “en dos partes. Primero, al interior del templo se hizo la oración de desagravio y después fuimos en procesión penitencialmente afuera del templo”.

Una vez fuera de la iglesia, dijo, “hicimos diez peticiones de perdón, una por cada ofensa hecha a la santidad de Dios, al principio, en medio y al final de la oración se hizo la quema del anticristo que es la Pachamama, la arrojamos al fuego que es signo del infierno que es el lugar a donde pertenece”.

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