Obispos de México alientan una pastoral proactiva y no de “confrontación permanente”

Al abrir la 108ª Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) este 11 de noviembre, Mons. Rogelio Cabrera López, su presidente, alentó a realizar una pastoral proactiva y no de “confrontación permanente”.

La Asamblea Plenaria de la CEM se realiza en su sede de Casa Lago de Guadalupe, a una hora al norte de Ciudad de México.

Reflexionando sobre el Proyecto Global de Pastoral (PGP) 2031+2033, aprobado por la CEM en 2018, Mons. Cabrera López señaló que este importante documento “nos pide replantear nuestros esquemas de evangelización para el ser humano concreto a quien estamos llamados a servir”.

“El ser humano de hoy ha transformado profundamente su manera de pensar, percibir y vivir la relación con Dios, con los demás, con la naturaleza y consigo mismo”, indicó, y señaló que “estamos, pues, llamados a realizar un ministerio episcopal redentor que genere esperanza en medio de esta realidad global, mexicana y eclesial que presentamos en nuestro Proyecto”.

El presidente de la CEM dijo que “ante la actual situación del país, por ejemplo, y ante las dificultades de tipo económico, político y social que está planteando, no podemos centrarnos solo en lo que no nos gusta: es necesario reconocer aquello que se hace bien así como tener actitud crítica ante aquello que no consideramos adecuado y proponer caminos o soluciones apropiadas”.

“No caigamos en la tentación de reaccionar a todo: no podemos solo estar diciendo lo que no nos gusta sin ofrecer verdaderos caminos de solución, aprovechando todo lo que se hace bien”, añadió.

“A quienes exigen de nosotros una posición más combativa, debemos recordarles que no nos corresponde la confrontación permanente e innecesaria para dar muestras de poder y valentía”, exhortó el Prelado mexicano, al tiempo que llamó a realizar “una pastoral proactiva, no solo de reacciones ante las dificultades o retos que nos plantea la vida cotidiana o lo que sucede en la sociedad o manifiestan los diversos poderes de nuestra nación”.

Además de subrayar la “triple comunión” de la CEM con el Papa Francisco, al interno del Episcopado Mexicano y con el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Mons. Cabrera López se refirió a tres desafíos para la Iglesia en México.

El primero, dijo, es el “kerigmático-místico”, que “nos llevará a mirar y revisar nuestro compromiso evangelizador, analizando la situación actual de nuestra evangelización y catequesis en parroquias, provincias, diócesis y otras instancias eclesiales”.

El segundo desafío, continuó, es el “comunitario-sinodal”, para el cual “miraremos y revisaremos la situación actual de la comunión y sinodalidad de nuestras parroquias, consejos, asambleas, así como la participación de los fieles laicos, en especial de las mujeres y los jóvenes”.

“Un tercer desafío que nos interpela es el que llamamos ético-moral, que hemos divido en dos momentos. En primera instancia, mirar y revisar la situación actual que provoca el cambio de época y la crisis antropológico-cultural en nosotros y que contrarresta el anuncio y la construcción de la dignidad humana por lo que hemos optado. Y, en segunda instancia, mirar y revisar este desafío desde la perspectiva social por el compromiso que tenemos de reconstruir el tejido social sanando todas las relaciones básicas de la persona, siendo este el enfoque fundamental que guía el PGP”.

Por su parte, el Nuncio Apostólico en México, Mons. Franco Coppola, dirigió su mensaje a la CEM alertando sobre “una tendencia que, si no la enfrentamos para cambiar su dirección, nos hará perder todo cuanto se ha logrado construir a lo largo de los 500 años de fe cristiana y católica en México, y hacer que vuelva  a ser –aunque podría sorprendernos esta afirmación-, tierra de misión”.

“Me refiero a la dramática disminución de las vocaciones religiosas, especialmente femeninas, a la constante baja, –que en algunas diócesis es dramática-, de las vocaciones sacerdotales; a la baja generalizada en la celebración de las bodas religiosas y al aumento impresionante, por otra parte, de los suicidios de jóvenes”, dijo.

El Nuncio lamentó que “a pesar de los esfuerzos que indudablemente se hacen, no estamos logrando poner en comunicación a nuestros jóvenes con Dios; no les estamos efectiva y eficazmente ayudando a descubrir a este Padre que los ha llamado a la vida, ¡y a una vida plena!”.

A este respecto, Mons. Coppola subrayó que “los proyectos de pastoral juvenil, programados y realizados en las Iglesias particulares, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones eclesiales o en los institutos de vida consagrada, no pueden prescindir de esta exigencia ineludible: Pastoral juvenil y pastoral vocacional han de ir de la mano y ayudar al joven a descubrir en quién puede confiar, quién puede amar, para qué sirve su vida”.

Además, señaló que “ni los sacerdotes ni los seminaristas deberían ser formados como empleados de lo sagrado o como administradores de una organización que gestiona lo sagrado; sino como personas que han encontrado al Señor, que les ha cambiado y llenado la vida y que, por ende, su corazón no quiere otra cosa que darlo a conocer a los demás: ‘ovejas que andan sin pastor’”.

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