El Papa ante 100 mil jóvenes: El Señor los llama por sus nombres y les dice ¡Sígueme!

Antananarivo, 07 Sep. 19 (ACI Prensa).- Este sábado el Papa Francisco se dirigió a cerca de 100 mil jóvenes reunidos en Madagascar, en África, para darles un mensaje de esperanza y anunciar que el Señor los llama a cada uno por su nombre, y les pide que lo sigan para ser esperanza en su nación y en la vida de la Iglesia.

“El Señor es el primero en decir: no, este no es el camino. Él está vivo y te quiere vivo a ti también compartiendo todos tus dones y carismas, tus búsquedas y competencias. El Señor nos llama por nuestros nombres y nos dice: ¡Sígueme! No para hacernos correr detrás de espejismos, sino para transformarnos a cada uno en discípulos-misioneros aquí y ahora”, dijo el Santo Padre este 7 de septiembre durante la Vigilia realizada en el campo diocesano de Soamandrakizay, en el marco de su viaje apostólico a tres países africanos.

Antes de dar inicio a su extenso mensaje, el Papa Francisco arribó al campo en el papamóvil en horas de la noche, donde fue recibido en medio de cantos y vítores alegres por los miles de jóvenes. Una vez se posicionó en el escenario principal, Mons. Fulgence Razakarivony, Obispo de Ihosy y Presidente de la Comisión Episcopal para la Juventud de Madagascar, ofreció el discurso de bienvenida.

El Prelado expresó que él y su pueblo sienten una “alegría inmensa, particular y única” de ver al Papa en vivo en directo, y ya no a “través de mensajes escritos o mensajes de video”.

Además, presentó a los jóvenes de Madagascar como personas “llenas de entusiasmo y vitalidad, en busca de un futuro mejor”, pero “que enfrentan múltiples dificultades a nivel social, cultural, intelectual y religioso”. No obstante, acotó que ellos “no se desaniman porque Su Magisterio los consuela y los invita a mantener la antorcha de la esperanza siempre encendida”.

“Una esperanza que no decepciona porque está arraigada en la fe en Aquel que ha conquistado la muerte y las fuerzas del mal”, añadió.

Tras las palabras del Obispo de Ihosy, decenas de niños malgaches danzaron bailes típicos frente al Papa, que permaneció sentado deleitándose con el espectáculo. Luego, dos jóvenes se acercaron al estrado para presentar sus testimonios de vida y conversión ante la comunidad y el Papa Francisco, previo al inicio de su discurso.

El primer testimonio fue de Rova Sitraka Ranarison, un joven de 27 años de la Diócesis de Antananarivo, quien, durante varios años de su vida, ha puesto en práctica las obras de misericordia visitando a los presos en las cárceles. Mientras que el segundo testimonio lo dio Vavy Elyssa Nekendraza, una joven de 21 años de la Diócesis de Maintirano, quien retrató el amor recíproco que se tienen sus padres, que a pesar de ser de dos tribus diferentes, lograron superar todas las pruebas y diferencias, y hoy eso le refleja el amor de Dios.

Tras escuchar ambos testimonios, el Santo Padre dio inicio a su discurso agradeciendo a Mons. Razakarivony y a todos los jóvenes que llegaron de “todos los rincones” de la isla, a pesar “de los esfuerzos y dificultades que esto representa para un gran número” de ellos.

También agradeció el testimonio de Rova Sitraka y Vavy Elyssa, por compartir su “camino de búsqueda entre aspiraciones y desafíos”, y por mostrar una fe viva movida por Jesús y el deseo de “crecer en su amistad” con la seguridad de que Él siempre los apoya y acompaña.

El Papa Francisco aseguró que el Señor llama a cada uno por su nombre: “No nos llama por nuestro pecado, por nuestros errores, equivocaciones, limitaciones, sino que lo hace por nuestro nombre; cada uno es precioso a sus ojos”.

No obstante, recordó que el demonio, por el contrario, “sabiendo también nuestros nombres prefiere llamarnos y recordarnos continuamente nuestros pecados y errores; y de esta forma nos hace sentir que hagamos lo que hagamos nada puede cambiar, que todo seguirá igual. El Señor no actúa así. El Señor siempre nos recuerda lo valiosos que somos ante sus ojos y nos confía una misión”.

En ese sentido, el Papa Francisco resaltó uno “de los regalos más hermosos” que proviene de la amistad con Jesús, citando la Exhortación Apostólica Christus vivit: “Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar”.

“Todos sabemos, incluso por experiencia personal, que se puede errar el camino y correr detrás de espejismos que nos prometen y encantan con una felicidad aparente, rápida, fácil e inmediata, pero que al final dejan el corazón, la mirada y el alma a mitad de camino”, reconoció Francisco.

En otro momento, también reconoció que las personas pueden llegar a llenarse de “amargura” y tener la “tentación de rendirse” por la falta de oportunidades, “la precariedad, las injusticias sociales”.

Sin embago, dijo que Jesús “es el primero en desmentir todas las voces que buscan adormeceros, domesticaros, anestesiaros o silenciaros para que no busquéis nuevos horizontes. Con Jesús siempre hay horizontes”.

“A través de vosotros entra el futuro en Madagascar y en la Iglesia. El Señor es el primero en confiar en vosotros y os invita a que también confiéis en vosotros mismos, en vuestras habilidades y capacidades, que son muchas. Os invita a animaros, unidos a Él para escribir la página más hermosa de vuestras vidas (…) Es el Señor quien nos invita a ser constructores del futuro”, resaltó.

En ese contexto, el Papa Francisco recordó que Dios “no nos manda solos al frente de batalla”, sino que a través de los demás se “comparte el amor y la confianza que el Señor nos tiene”. “El encuentro personal con Jesús es irremplazable, pero no en solitario sino en comunidad”, acotó.

Cerca al final de su reflexión, el Pontífice dijo a los jóvenes que nunca olviden que tienen una Madre, quien es además protectora de Madagascar, la Virgen María.

“A ella quiero confiar la vida de todos y cada uno de vosotros, de vuestras familias y amigos para que nunca os falte la luz de la esperanza y Madagascar pueda ser cada vez más la tierra que el Señor soñó. Que ella os acompañe y os proteja siempre. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí”, concluyó el Papa.

 

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