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REDACCIÓN CENTRAL, 19 Ago. 19 (ACI Prensa).- Nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, bajo el nombre en latín Aurelius Augustinus Hipponensis; fue llamado a la Casa del Padre estando en Hipona el 28 de agosto de 430; convirtiéndose con el tiempo en un gran santo, padre y doctor de la Iglesia católica.

En 385 Agustín se convirtió al cristianismo, gracias a las intensas oraciones de su madre, Santa Mónica. Es considerado el máximo pensador dentro del primer siglo del cristianismo y uno de los más grandes genios de la humanidad, pues dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología. Sus obras más destacadas son “Confesiones” y “La ciudad de Dios”.

El 28 de agosto de cada año celebramos su fiesta, y como preparación les dejamos aquí algunas novenas:

Novenas a San Agustín

Novena a San Agustín Novena a San Agustín Sobre la Fe Novena a San Agustín sobre la Esperanza Novena a San Agustín sobre la Caridad (Amor)

Nació el 13 de noviembre de 354 en Tagaste, bajo el nombre en latín Aurelius Augustinus Hipponensis; fue llamado a la Casa del Padre estando en Hipona el 28 de agosto de 430; convirtiéndose con el tiempo en un gran santo, padre y doctor de la Iglesia católica.

En 385 Agustín se convirtió al cristianismo, gracias a las intensas oraciones de su madre, Santa Mónica. Es considerado el máximo pensador dentro del primer siglo del cristianismo y uno de los más grandes genios de la humanidad, pues dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología. Sus obras más destacadas son “Confesiones” y “La ciudad de Dios”.

El 28 de agosto de cada año celebramos su fiesta, y como preparación les dejamos aquí algunas novenas:

Novenas a San Agustín

Etiquetas: Novenas, San Agustín

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REDACCIÒN CENTRAL, 19 Ago. 19 (ACI Prensa).- Su ardor misionero fue tan grande que no dudaba en cruzar ríos caudalosos y soportar las inclemencias del clima con tal de llevar almas a los pies de la Cruz; tenía un espíritu fuerte que ninguna pena, crítica o enfermedad pudo quebrantar. Por su entrega apasionada a Dios y su labor se le considera como uno de los más grandes apóstoles de la Evangelización de América.

Ezequiel Moreno Díaz nació el 9 de abril de 1848 en Alfaro, Rioja, España. Sus padres fueron Félix Moreno y Josefa Díaz, quienes a pesar de tener una condición humilde consideraban a la religión católica como su tesoro.

Esta devoción influyó en el corazón del Santo, que desde la infancia sintió el llamado a la vida religiosa. Era un niño inteligente, juguetón y dedicado a los estudios. Sin embargo, era capaz de sacrificarse por su prójimo porque en lugar de ir a las fiestas del pueblo se quedaba cuidando de los enfermos. También le gustaba cantar y tocar la guitarra.

Con sólo 16 años y siguiendo el ejemplo de su hermano mayor, ingresó al convento de los agustinos recoletos en Monteagudo (Navarra) el 21 de setiembre de 1864. Un año después hizo su profesión religiosa y cuatro años más tarde fue enviado como misionero a Filipinas. Allí culminó su formación y fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1871.

Tiempo después fue enviado, junto con su hermano Eustaquio, a evangelizar a los habitantes de la isla de Paragua. Ezequiel convirtió a muchas almas pero contrajo la malaria debido las pésimas condiciones de sanidad y tuvo que regresar a Manila.

En 1876 fue nombrado párroco de Lespiñase y cuatro años después predicador conventual de Manila. Entonces asumió las riendas de una finca de los agustinos recoletos en Imus. Fue un excelente administrador y también realizaba obras caridad con los pobres.

En 1888 regresó al convento Monteagudo como prior. Durante tres años imprimió en los jóvenes novicios el sello de la espiritualidad agustiniana y el amor hacia los pobres reduciendo sus raciones para dar de comer a los mendigos.

Tres años después volvió a embarcarse en la aventura como misionero. Vivió austeramente durante cinco años en Bogotá (Colombia) en el cargo de provincial de la orden. Se dedicó a predicar y atender a los enfermos. Junto a tres compañeros se introducía en la región de Casanare, que aún no era explorada, para evangelizar y administrar los sacramentos.

Debido a sus méritos al reactivar la labor misionera en Colombia fue nombrado Obispo titular de Pinara y Vicario Apostólico de Casanare. El 1 de mayo de 1894 lo nombraron Obispo de Pasto.

En su nuevo cargo destacó por su celo apostólico y su fidelidad a la Iglesia. Ejecutó su programa de trabajo denominado “Dios y Colombia”. Su posición como Obispo no lo detuvo en su labor misionera. Siguió atravesando ríos caudalosos, caminando en medio de tormentas y soportando las inclemencias del clima porque consideraba que “una sola alma vale más que toda mi vida”.

A la par de su intenso trabajo apostólico dedicaba varias horas a la oración, a la que consideraba como la fuente principal para obtener fuerzas.

En 1896 fue nombrado Obispo de Pasto. Sus prédicas contundentes y su sencillez provocaron la burla de sus enemigos, incluyendo algunos obispos, quienes también lo atacaban por medio de la prensa. Sin embargo, San Ezequiel trataba a sus atacantes con misericordia y pedía por ellos.

En 1905 le diagnosticaron cáncer y, ante las reiteradas súplicas de los fieles y de los religiosos de su Orden, volvió a España para operarse. Lamentablemente la intervención fue muy dolorosa y no tuvo éxito. Durante la operación el Santo exclamaba: “Dios mío, dame valor para sufrir por ti”.

Fue enviado a Monteagudo para recuperarse pero volvió a recaer. Los dolores nunca quebrantaron su espíritu y se mantuvo firme en su fe. Murió el 19 de agosto de 1906.

Fue beatificado por el Papa Pablo VI en 1975 y el 11 de octubre de 1992 fue canonizado por San Juan Pablo II y es considerado como el especial intercesor ante Dios por los enfermos del cáncer.

Más información:

Biografía Oración a San Ezequiel Moreno Oración por un Enfermo a San Ezequiel Moreno Novena a San Ezequiel Moreno Especial de San Ezequiel Moreno

Su ardor misionero fue tan grande que no dudaba en cruzar ríos caudalosos y soportar las inclemencias del clima con tal de llevar almas a los pies de la Cruz; tenía un espíritu fuerte que ninguna pena, crítica o enfermedad pudo quebrantar. Por su entrega apasionada a Dios y su labor se le considera como uno de los más grandes apóstoles de la Evangelización de América.

Ezequiel Moreno Díaz nació el 9 de abril de 1848 en Alfaro, Rioja, España. Sus padres fueron Félix Moreno y Josefa Díaz, quienes a pesar de tener una condición humilde consideraban a la religión católica como su tesoro.

Esta devoción influyó en el corazón del Santo, que desde la infancia sintió el llamado a la vida religiosa. Era un niño inteligente, juguetón y dedicado a los estudios. Sin embargo, era capaz de sacrificarse por su prójimo porque en lugar de ir a las fiestas del pueblo se quedaba cuidando de los enfermos. También le gustaba cantar y tocar la guitarra.

Con sólo 16 años y siguiendo el ejemplo de su hermano mayor, ingresó al convento de los agustinos recoletos en Monteagudo (Navarra) el 21 de setiembre de 1864. Un año después hizo su profesión religiosa y cuatro años más tarde fue enviado como misionero a Filipinas. Allí culminó su formación y fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1871.

Tiempo después fue enviado, junto con su hermano Eustaquio, a evangelizar a los habitantes de la isla de Paragua. Ezequiel convirtió a muchas almas pero contrajo la malaria debido las pésimas condiciones de sanidad y tuvo que regresar a Manila.

En 1876 fue nombrado párroco de Lespiñase y cuatro años después predicador conventual de Manila. Entonces asumió las riendas de una finca de los agustinos recoletos en Imus. Fue un excelente administrador y también realizaba obras caridad con los pobres.

En 1888 regresó al convento Monteagudo como prior. Durante tres años imprimió en los jóvenes novicios el sello de la espiritualidad agustiniana y el amor hacia los pobres reduciendo sus raciones para dar de comer a los mendigos.

Tres años después volvió a embarcarse en la aventura como misionero. Vivió austeramente durante cinco años en Bogotá (Colombia) en el cargo de provincial de la orden. Se dedicó a predicar y atender a los enfermos. Junto a tres compañeros se introducía en la región de Casanare, que aún no era explorada, para evangelizar y administrar los sacramentos.

Debido a sus méritos al reactivar la labor misionera en Colombia fue nombrado Obispo titular de Pinara y Vicario Apostólico de Casanare. El 1 de mayo de 1894 lo nombraron Obispo de Pasto.

En su nuevo cargo destacó por su celo apostólico y su fidelidad a la Iglesia. Ejecutó su programa de trabajo denominado “Dios y Colombia”. Su posición como Obispo no lo detuvo en su labor misionera. Siguió atravesando ríos caudalosos, caminando en medio de tormentas y soportando las inclemencias del clima porque consideraba que “una sola alma vale más que toda mi vida”.

A la par de su intenso trabajo apostólico dedicaba varias horas a la oración, a la que consideraba como la fuente principal para obtener fuerzas.

En 1896 fue nombrado Obispo de Pasto. Sus prédicas contundentes y su sencillez provocaron la burla de sus enemigos, incluyendo algunos obispos, quienes también lo atacaban por medio de la prensa. Sin embargo, San Ezequiel trataba a sus atacantes con misericordia y pedía por ellos.

En 1905 le diagnosticaron cáncer y, ante las reiteradas súplicas de los fieles y de los religiosos de su Orden, volvió a España para operarse. Lamentablemente la intervención fue muy dolorosa y no tuvo éxito. Durante la operación el Santo exclamaba: “Dios mío, dame valor para sufrir por ti”.

Fue enviado a Monteagudo para recuperarse pero volvió a recaer. Los dolores nunca quebrantaron su espíritu y se mantuvo firme en su fe. Murió el 19 de agosto de 1906.

Fue beatificado por el Papa Pablo VI en 1975 y el 11 de octubre de 1992 fue canonizado por San Juan Pablo II y es considerado como el especial intercesor ante Dios por los enfermos del cáncer.

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Luego de que un sacerdote fue asaltado y abandonado en un paraje alejado, la Arquidiócesis de San Luis Potosí (México), dio recomendaciones a sus presbíteros para evitar ser víctimas de robos y violencia.

En diálogo con ACI Prensa, el P. Juan Jesús Priego Rivera, vocero de la Arquidiócesis de San Luis Potosí, señaló que alrededor de un mes atrás un sacerdote, cuya identidad se mantiene en reserva, fue asaltado y retenido durante varias horas.

“El objetivo no era el secuestro propiamente dicho, sino despojarlo de su vehículo. A él lo tuvieron unas horas retenido, atado. Después lo soltaron” y “pudo llegar a la ciudad de aventón, con ‘auto stop’”.

México vive una creciente ola de inseguridad. De acuerdo al diario mexicano El Universal, el primer semestre de 2019 ha sido el más violento de la historia del país.

El P. Priego Rivera señaló que el Arzobispo de San Luis Potosí, Mons. Jesús Carlos Cabrero Romero, dio “una serie de recomendaciones, sobre todo respecto a las salidas nocturnas para la asistencia de los fieles”.

Es necesario, dijo, fomentar una cultura en la que los fieles pidan la atención del sacerdote durante el día, como medida de seguridad. Sin embargo, precisó, siempre hay casos imprevistos que serán atendidos por los presbíteros.

“En caso de un agravamiento súbito (de la salud de un feligrés) o algo que no estaba contemplado, iremos, pero el Arzobispo nos pidió que tomemos precauciones de seguridad: ver quién nos habla, cerciorarnos de que no se trata de un maleante sino verdaderamente de una necesidad espiritual”.

El vocero de la arquidiócesis mexicana destacó que los sacerdotes, frente al drama de la violencia, “no somos una categoría aparte. Somos pueblo, somos parte del pueblo. Lo que le pasa al pueblo, nos pasa a nosotros”.

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Virginia, 18 Ago. 19 (ACI Prensa).- Hace 28 años Shelly Pennefather era una joven promesa del baloncesto con miras a firmar un contrato por 200 mil dólares anuales; sin embargo, siguió su llamado a la vida de clausura y ahora su vida ha sido destacada por ESPN, una de las principales cadenas televisivas de deportes del mundo.

Sister Rose Marie is the former Shelly Pennefather who was a first-team All-American, the 1987 Wade Trophy winner and Villanova’s all-time leading scorer with 2,408 career points. pic.twitter.com/UIrF1UXuh3

— Villanova WBB (@novawbb) June 10, 2019

Shelly, que actualmente es la hermana Rose Marie y vive en el Monasterio de las Clarisas en Alejandría, Virginia (Estados Unidos), es hija de Mike y Mary Jane Pennefather. Su madre tiene ahora 78 años y todas las mañanas va a la iglesia; ella era quien reunía a toda la familia para rezar el Rosario; mientras que su padre, que falleció en 1998, fue quien le enseñó a jugar baloncesto.

De joven jugaba en la escuela secundaria en Bishop Machebeuf, en Denver, y ganó tres campeonatos estatales. Tiempo después llegaría al equipo del Villanova gracias a la amistad que hizo con Harry Perretta, entrenador de esta universidad y que le compartió que también tenía había cultivado su devoción a la Virgen María a través del Rosario.

Perretta compartió a ESPN que “al principio era una jugadora de baloncesto muy perezosa que no se esforzaba en la cancha cuando vino aquí”, por lo que buscó comunicarse más con ella.

Sin embargo, durante la segunda temporada Shelly pensó que lo mejor era transferirse; pero su compañera de equipo Lisa Gedaka le preguntó si no había considerado que “tal vez es la voluntad de Dios estar con nosotros aquí en Villanova”.

Shelly se quedó y los éxitos siguieron llegando, pues acumuló 2.408 puntos y rompió el récord histórico de Villanova para mujeres y hombres. Esta marca sigue vigente. Además en 1987 ganó el Trofeo Wade, que se otorga a la mejor jugadora de baloncesto universitario femenino, y luego de graduarse firmó con el Nippon Express de Japón, país en donde ya no volvería a ser la misma.

“El ritmo en Japón fue mucho más lento (el Express jugó solo 14 juegos en el lapso de cuatro meses), lo cual afectó a Pennefather. Lejos de sus compañeros de la universidad y del caos diario de su numerosa familia, sintió nostalgia y estaba sola en una ciudad lejana. Su equipo comenzó perdiendo 0-5. Si terminaban al final de la división, ella necesitaría quedarse en Japón durante otros dos meses para jugar”, relata ESPN.

Es así que en su deseo por volver a casa hizo una promesa: si su equipo terminaba dentro de los seis primeros lugares –lo que le permitiría regresar por esos dos meses- pasaría ese tiempo trabajando como voluntaria.

Su equipo terminó tercero y al regresar a Estados Unidos cumplió su promesa trabajando en el comedor de beneficencia de las Hermanas Misioneras de la Caridad en Norristown, Pensilvania, una obra misional que la conmovió tanto que regresó cada verano después de su primera experiencia.

Al regresar a Japón para la siguiente temporada, Shelly se sentía aún más fuera de lugar, por lo que se mantenía ocupada leyendo libros, aprendiendo japonés o enseñando inglés. Sin embargo, aún sentía un profundo vacío. “Se vio obligada a entrar en soledad. No había nadie más, solo ella y Dios”, expresó John Heisler, un amigo de la infancia.

En una ocasión la invitaron a un retiro y le pidieron leer el versículo de Juan 6, 56, que dice: “Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.

De acuerdo con la religiosa, eso cambió su vida. Sintió que Dios estaba allí, a 20 pies delante de ella. Continuó leyendo, y cuando cerró la Biblia, hizo una oración silenciosa. Al día siguiente entró a la iglesia y arrodillada frente al tabernáculo se dio cuenta de que ya no estaba sola. Vio que “providencialmente nuestro Señor simplemente me llevó y me puso allí en ese lugar donde podría desarrollarme”, dijo la hermana. “Sentí que me estaba pidiendo que atendiera su llamado, que es lo más difícil que he hecho. Pero estoy agradecida de haberlo hecho, y aquí estoy. Encarcelada”, expresó.

La hermana Rose Marie afirma que ama la vida que eligió. “Desearía que todos pudieran vivirlo un poco para verlo. Es tan tranquilo. Siento que no estoy subestimando la vida. La estoy viviendo al máximo”, expresó.

The story of our own Sister Rose Marie, formerly Shelly Pennefather, and @VUCoachPerretta will air during @espn @SportsCenter tomorrow at 8am and 10am. #SCFeatured https://t.co/Od4P979ipW

— Villanova WBB (@novawbb) August 2, 2019 Quiso compartir su decisión

Shelly quería dar la noticia a sus amigos más cercanos. Por ello, viajó a Nueva Jersey y Pensilvania para contarles a Lisa Gedaka y a Lynn Tighe.

“Lynn, nunca elegiría esto para mí. Nunca dejaría a mi familia y mis amigos. Pero esto es lo que estoy llamada a hacer. Lo sé. Dios me está llamando. Y lo voy a hacer”, dijo.

No obstante, Tighe, Karen Daly y Kathy Miller, sus compañeras de equipo, querían más respuestas e insistieron en ir al monasterio y hablar con la madre superiora para saber cómo era la vida de una monja de claustro. Luego llegaron al acuerdo de que en 2019 las tres podrían abrazar a Pennefather cuando celebrara su jubileo de plata al igual que la familia.

Shelly Pennefather remains Villanova basketball’s all-time leading scorer among both men and women.

She walked away from a $200K a year salary playing professional basketball for the cloistered life of a Poor Claire nun. https://t.co/6sUuwrdj41

— espnW (@espnW) August 3, 2019

El entrenador Perretta también logró acordar con las clarisas que brindaría algunos suministros cada verano a cambio de tener una propia visita anual con la Hermana Rose Marie. Además pueden llamar al monasterio para hacerle llegar sus pedidos de oraciones.

Otro de los amigos con quien Shelly compartió su alegría fue John Heisler, a quien también le apasionaban los deportes, cómics e historias sobre santos. “Estaba fascinado por San Francisco de Asís, que finalmente ayudó a Santa Clara a iniciar una orden llamada las Clarisas”, cuenta ESPN.

Las compañeras de Shelly solían decir que “ella haría una de dos cosas en su vida: casarse con este chico con el que pasó los veranos o convertirse en monja”.

Si bien Heisler tuvo un interés por la joven, también había recibido el llamado de Dios. Así, cuando se encontraron nuevamente en Virginia, Shelly le dijo que se uniría a las clarisas. Esto fue de algún modo, liberador para su amigo, que podía seguir su llamado sin que algo lo detuviera. Lo ordenaron ocho años después.

En el caso de Shelly, cuando ingresó al monasterio “se fue con la ropa que llevaba puesta: un vestido largo azul y un par de zapatos que nunca volvería a usar”, relata la cadena deportiva ESPN.

El reportaje relata que cuando se despidió de su madre, esta le dijo: “Estaré aquí cuando tenga 103 (años) si puedes aguantar”. “Lo intentaré”, le respondió su hija.

Durante todos los años que siguieron, la hermana Rose Marie ha vivido según las reglas del monasterio, donde las hermanas “duermen en colchones de paja, con hábito completo, y se despiertan todas las noches a las 12:30 a. m. para orar, sin descansar más de cuatro horas seguidas. Están descalzas las 23 horas del día, excepto la hora en que caminan por el patio con sandalias”.

Asimismo, pueden recibir hasta dos visitas familiares por año, con las que conversan a través de una pantalla transparente, y una vez cada 25 años, puede abrazar a su familia. También puede escribir cartas a sus amigos si estos le escriben primero.

25 años después

Si bien la hermana Rose Marie ingresó al monasterio hace 28 años, hizo la profesión de votos hace 25, los cuales fueron celebrados el 9 de junio con una Misa presidida por el Obispo de Arlington, Virginia, Mons. Michael Francis Burbidge, y a la que asistieron su familia, compañeras de equipo, el entrenador Perretta, otros seres queridos y su amigo el P. John Heisler.

Yesterday was a special day for the #NovaWBB family as coaches and teammates gathered to celebrate the Silver Anniversary of the religious profession for Sister Rose Marie. pic.twitter.com/VHV1mkle4o

 

— Villanova WBB (@novawbb) June 10, 2019

Poco después de terminar la homilía, se abrieron dos puertas de madera que dividían la pequeña capilla donde se celebró la misa. “Allí estaba ella, de 53 años, parada frente a ellos, sin pantalla”, expresó ESPN.

De este modo, y sin examinar a la multitud, fijó la mira en el lugar donde estaba sentada su madre y su rostro se iluminó.

Para saludarla se hizo una fila y la primera en abrazarla fue su madre Mary Jane. La hermana Rose Marie extendió las manos mientras ella se acercaba.

Con el P. Heisler se dieron un fraterno abrazo. La monja le dijo “tomamos la decisión correcta”. “No me arrepiento”, respondió el sacerdote.

Hace 28 años Shelly Pennefather era una joven promesa del baloncesto con miras a firmar un contrato por 200 mil dólares anuales; sin embargo, siguió su llamado a la vida de clausura y ahora su vida ha sido destacada por ESPN, una de las principales cadenas televisivas de deportes del mundo.

Shelly, que actualmente es la hermana Rose Marie y vive en el Monasterio de las Clarisas en Alejandría, Virginia (Estados Unidos), es hija de Mike y Mary Jane Pennefather. Su madre tiene ahora 78 años y todas las mañanas va a la iglesia; ella era quien reunía a toda la familia para rezar el Rosario; mientras que su padre, que falleció en 1998, fue quien le enseñó a jugar baloncesto.

De joven jugaba en la escuela secundaria en Bishop Machebeuf, en Denver, y ganó tres campeonatos estatales. Tiempo después llegaría al equipo del Villanova gracias a la amistad que hizo con Harry Perretta, entrenador de esta universidad y que le compartió que también tenía había cultivado su devoción a la Virgen María a través del Rosario.

Perretta compartió a ESPN que “al principio era una jugadora de baloncesto muy perezosa que no se esforzaba en la cancha cuando vino aquí”, por lo que buscó comunicarse más con ella.

Sin embargo, durante la segunda temporada Shelly pensó que lo mejor era transferirse; pero su compañera de equipo Lisa Gedaka le preguntó si no había considerado que “tal vez es la voluntad de Dios estar con nosotros aquí en Villanova”.

Shelly se quedó y los éxitos siguieron llegando, pues acumuló 2.408 puntos y rompió el récord histórico de Villanova para mujeres y hombres. Esta marca sigue vigente. Además en 1987 ganó el Trofeo Wade, que se otorga a la mejor jugadora de baloncesto universitario femenino, y luego de graduarse firmó con el Nippon Express de Japón, país en donde ya no volvería a ser la misma.

“El ritmo en Japón fue mucho más lento (el Express jugó solo 14 juegos en el lapso de cuatro meses), lo cual afectó a Pennefather. Lejos de sus compañeros de la universidad y del caos diario de su numerosa familia, sintió nostalgia y estaba sola en una ciudad lejana. Su equipo comenzó perdiendo 0-5. Si terminaban al final de la división, ella necesitaría quedarse en Japón durante otros dos meses para jugar”, relata ESPN.

Es así que en su deseo por volver a casa hizo una promesa: si su equipo terminaba dentro de los seis primeros lugares –lo que le permitiría regresar por esos dos meses- pasaría ese tiempo trabajando como voluntaria.

Su equipo terminó tercero y al regresar a Estados Unidos cumplió su promesa trabajando en el comedor de beneficencia de las Hermanas Misioneras de la Caridad en Norristown, Pensilvania, una obra misional que la conmovió tanto que regresó cada verano después de su primera experiencia.

Al regresar a Japón para la siguiente temporada, Shelly se sentía aún más fuera de lugar, por lo que se mantenía ocupada leyendo libros, aprendiendo japonés o enseñando inglés. Sin embargo, aún sentía un profundo vacío. “Se vio obligada a entrar en soledad. No había nadie más, solo ella y Dios”, expresó John Heisler, un amigo de la infancia.

En una ocasión la invitaron a un retiro y le pidieron leer el versículo de Juan 6, 56, que dice: “Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.

De acuerdo con la religiosa, eso cambió su vida. Sintió que Dios estaba allí, a 20 pies delante de ella. Continuó leyendo, y cuando cerró la Biblia, hizo una oración silenciosa. Al día siguiente entró a la iglesia y arrodillada frente al tabernáculo se dio cuenta de que ya no estaba sola. Vio que “providencialmente nuestro Señor simplemente me llevó y me puso allí en ese lugar donde podría desarrollarme”, dijo la hermana. “Sentí que me estaba pidiendo que atendiera su llamado, que es lo más difícil que he hecho. Pero estoy agradecida de haberlo hecho, y aquí estoy. Encarcelada”, expresó.

La hermana Rose Marie afirma que ama la vida que eligió. “Desearía que todos pudieran vivirlo un poco para verlo. Es tan tranquilo. Siento que no estoy subestimando la vida. La estoy viviendo al máximo”, expresó.

Quiso compartir su decisión

Shelly quería dar la noticia a sus amigos más cercanos. Por ello, viajó a Nueva Jersey y Pensilvania para contarles a Lisa Gedaka y a Lynn Tighe.

“Lynn, nunca elegiría esto para mí. Nunca dejaría a mi familia y mis amigos. Pero esto es lo que estoy llamada a hacer. Lo sé. Dios me está llamando. Y lo voy a hacer”, dijo.

No obstante, Tighe, Karen Daly y Kathy Miller, sus compañeras de equipo, querían más respuestas e insistieron en ir al monasterio y hablar con la madre superiora para saber cómo era la vida de una monja de claustro. Luego llegaron al acuerdo de que en 2019 las tres podrían abrazar a Pennefather cuando celebrara su jubileo de plata al igual que la familia.

El entrenador Perretta también logró acordar con las clarisas que brindaría algunos suministros cada verano a cambio de tener una propia visita anual con la Hermana Rose Marie. Además pueden llamar al monasterio para hacerle llegar sus pedidos de oraciones.

Otro de los amigos con quien Shelly compartió su alegría fue John Heisler, a quien también le apasionaban los deportes, cómics e historias sobre santos. “Estaba fascinado por San Francisco de Asís, que finalmente ayudó a Santa Clara a iniciar una orden llamada las Clarisas”, cuenta ESPN.

Las compañeras de Shelly solían decir que “ella haría una de dos cosas en su vida: casarse con este chico con el que pasó los veranos o convertirse en monja”.

Si bien Heisler tuvo un interés por la joven, también había recibido el llamado de Dios. Así, cuando se encontraron nuevamente en Virginia, Shelly le dijo que se uniría a las clarisas. Esto fue de algún modo, liberador para su amigo, que podía seguir su llamado sin que algo lo detuviera. Lo ordenaron ocho años después.

En el caso de Shelly, cuando ingresó al monasterio “se fue con la ropa que llevaba puesta: un vestido largo azul y un par de zapatos que nunca volvería a usar”, relata la cadena deportiva ESPN.

El reportaje relata que cuando se despidió de su madre, esta le dijo: “Estaré aquí cuando tenga 103 (años) si puedes aguantar”. “Lo intentaré”, le respondió su hija.

Durante todos los años que siguieron, la hermana Rose Marie ha vivido según las reglas del monasterio, donde las hermanas “duermen en colchones de paja, con hábito completo, y se despiertan todas las noches a las 12:30 a. m. para orar, sin descansar más de cuatro horas seguidas. Están descalzas las 23 horas del día, excepto la hora en que caminan por el patio con sandalias”.

Asimismo, pueden recibir hasta dos visitas familiares por año, con las que conversan a través de una pantalla transparente, y una vez cada 25 años, puede abrazar a su familia. También puede escribir cartas a sus amigos si estos le escriben primero.

25 años después

Si bien la hermana Rose Marie ingresó al monasterio hace 28 años, hizo la profesión de votos hace 25, los cuales fueron celebrados el 9 de junio con una Misa presidida por el Obispo de Arlington, Virginia, Mons. Michael Francis Burbidge, y a la que asistieron su familia, compañeras de equipo, el entrenador Perretta, otros seres queridos y su amigo el P. John Heisler.

Poco después de terminar la homilía, se abrieron dos puertas de madera que dividían la pequeña capilla donde se celebró la misa. “Allí estaba ella, de 53 años, parada frente a ellos, sin pantalla”, expresó ESPN.

De este modo, y sin examinar a la multitud, fijó la mira en el lugar donde estaba sentada su madre y su rostro se iluminó.

Para saludarla se hizo una fila y la primera en abrazarla fue su madre Mary Jane. La hermana Rose Marie extendió las manos mientras ella se acercaba.

Con el P. Heisler se dieron un fraterno abrazo. La monja le dijo “tomamos la decisión correcta”. “No me arrepiento”, respondió el sacerdote.

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